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Miscelánea (en construcción)

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Título

Discapacidades

Subtítulo

El papel del flujo urbano en el cambio de los condicionantes ergonómicos y la consiguiente alteración de los tipos arquitectónicos

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En las últimas décadas se vienen produciendo unas transformaciones físicas en el espacio urbano que señalan una tendencia evolutiva internacional, no sujeta a características locales. Esas transformaciones se observan principalmente en las zonas de mayor flujo y, en su conjunto, parecen responder a una única causa.

Entre ellas, es especialmente interesante el análisis de tres fenómenos, que pueden considerarse sintomáticos, o sea, más claramente delatores de los procesos que los generan: la desaparición de los escalones en la vía pública, la sustitución de los solados rugosos por materiales tersos, y la desaparición de los cerramientos exteriores de los comercios.

Aunque el impacto de estos cambios en el paisaje urbano es altísimo, equiparable a la expansión de la publicidad y la información en la vía pública, aún no ha sido analizado por la crítica.

 

El pavimento continuo

Las obras de remodelación de los pavimentos contemplan inexorablemente la supresión de peldaños y su sustitución por planos inclinados, ya no sólo mediante rampas que complementen a las escaleras, sino mediante la eliminación de las escaleras y su sustitución por suaves pendientes que absorban sin escalones todos los desniveles del terreno.

El resultado es un solado continuo que, en terrenos no planos, adopta la forma de un paño ondulante. Eso significa una drástica eliminación de un elemento compositivo esencial de la arquitectura: el suelo como plano horizontal (o la sucesión de distintos planos horizontales) que brinda “base de sustento”, soporte tectónico y conceptual a los edificios.

En zonas muy desniveladas, la arquitectura se apoya ahora endeblemente sobre una superficie alabeada “blanda”, casi inmaterial.

 

La eliminación de los pavimentos ásperos

El cambio anterior se complementa con otro de idéntico signo: la supresión de las texturas gruesas y su sustitución por pavimentos tersos. Ejemplo de ejemplos de este cambio es la supresión de los adoquines.

El efecto tectónico de este cambio se suma, en idéntico sentido, al anterior: masas construidas de gran peso visual – por ejemplo, una catedral gótica – se apoyan en tersas “cartulinas” generalmente más claras, en las cuales ni se perciben las juntas de las piezas.

Los solados urbanos pasan a ser pavimento continuo y terso, como una pista de patinaje. La proliferación de los skaters está asociada, si no como causa, al menos como efecto: estos solados “tientan”. Nada casualmente, en Barcelona, la plaza seca frente al Museo de Arte Contemporáneo (obra de Meyer), gracias a estos acabados superficiales se ha transformado en una famosa meca internacional del skating, “arte” contemporáneo donde los haya.

 

La desaparición de los cerramientos

Un tercer levantamiento de obstáculos es la desaparición de los cerramientos en los locales a la calle. El aire acondicionado sustituye – en invierno y en verano – a las carpinterías. La frontera entre exterior e interior, entre público y privado, se desvanece: la vía pública ingresa en los locales.

Un caso extremo de esta “porosidad” es la circulación de viajeros en los aeropuertos, que, para llegar a las puertas de embarque, deben atravesar las áreas comerciales sin ninguna frontera perceptible. Desaparecen los “locales”.

 

Los factores determinantes del cambio

En tanto el flujo circulatorio es una variable económica clave en el modelo de compra por impulso, todo obstáculo físico, por mínimo que sea, opera efectivamente como un “reductor de flujo” y tal reducción tiene un reflejo estadístico directo en el número de compras. La economía de escala es un principio troncal del mercado masivo y ello significa que aún los índices de reducción más bajos correspondan a valores absolutos muy altos. Es decir que, por pequeño que sea el porcentaje de pérdida de ventas, el monto efectivo de ese pequeño porcentaje no es en absoluto despreciable.

En el comportamiento del flujo no hay intencionalidad sino respuesta refleja a estímulos, automatismos y concentración de la atención en el objeto cercano, sean mercancías o iconos. El flujo “no mira por donde pisa”. Tropieza. Y si ve un obstáculo, pierde el estímulo.

Un escalón, una puerta, un límite o frontera evidente, un vidrio opaco, pueden reducir el flujo y éste la oportunidad de compra, o sea, la tentación al consumo. La eliminación de reductores arquitectónicos de flujo es un objetivo abierta y lúcidamente asumido por las empresas comerciales, actores urbanos protagónicos en la definición del entorno, y respaldados por la inversión pública en obras municipales publicitadas como actos de modernización, “puesta en valor” y “mejoramiento de la calidad de vida”.


Resulta sugestiva la similitud de este proceso de cambios con otro, de distinto origen: el levantamiento de barreras arquitectónicas. Se ha dado en llamar “barreras arquitectónicas” a todos aquellos elementos que operan como obstáculos insalvables para las personas con algún tipo de discapacidad física, por ejemplo, la motriz.

Esa expresión ha sido acuñada por un movimiento crítico relativamente reciente, orientado a la eliminación de tales barreras a favor de la integración más fluida de esas personas en la vida social. Así, por ejemplo, la proliferación de rampas y planos inclinados complementando las escaleras y peldaños, o la creciente instalación de elevadores verticales en pendientes, incluso en desniveles mínimos, ha permitido la circulación de personas con discapacidad motriz allí donde antes les estaba físicamente vedado. Existe, afortunadamente, una corriente de indudable inspiración humanista que está trabajando a favor de una creciente integración social, cultural y laboral de estas personas.

Curiosamente, esta tendencia al levantamiento de barreras arquitectónicas confluye con aquel otro proceso, de muchísima mayor capacidad transformadora: la eliminación de todo obstáculo físico a la compra impulsiva. Esta tendencia, para expandirse, no necesita de ningún movimiento de sensibilización o concienciación ética; pues su capacidad transformadora es fruto de un crudo condicionamiento económico captado directamente por los actores urbanos, tanto privados como públicos.

El levantamiento masivo de barreras arquitectónicas es expresión directa y unívoca del protagonismo urbano de ese discapacitado específico, universal e irreversible que es el flujo.

Y esta alteración o eliminación de componentes arquitectónicos convencionales, originada en la discapacidad masiva, viene a confluir con un tercer fenómeno, éste en el campo profesional. Se trata del regodeo en la transgresión de los tipos, legitimada como prueba de creatividad; transgresión que encuentra por fin una coartada.

De este modo, los férreos condicionantes del mercado pulsional brindan una ocasión inmejorable a la “libertad creativa” de los arquitectos, a la vez que quedan encubiertos detrás de ésta. Finalmente la imaginación ha tomado el poder.

Notes