Artículos y Ensayos

Asesoramiento corporativo

Teorí­a y crí­tica cultural

Miscelánea (en construcción)

Artículo

Título

La función social del diseño: realidad y utopí­a

Subtítulo

Body

Para abordar el tema de “la función social del diseño” —reiterativo y, no obstante, poco resuelto—  resulta indispensable hacer dos aclaraciones de partida:

  1. definir si, al abordar este tema, consideraremos al diseño tal y como se manifiesta en la sociedad real, o si intentaremos hacer una propuesta alternativa, es decir, formular un “deber ser” del diseño en relación con su función social; 
  2. definir si por “función social” nos referiremos a la incidencia general del diseño en la sociedad o si nos referiremos a un determinado tipo de incidencia: la animada por fines solidarios o humanitarios.

Combinando estas ópticas surgen tres respuestas distintas. Veámoslo.

1. El diseño sólo tiene función social  

Si nos referimos a la función social en sentido amplio y al diseño en su realidad actual, esta práctica en todas sus manifestaciones tiene una indiscutible función social: todo lo que el diseño produce va dirigido a la sociedad e incide poderosamente sobre ella, para bien y para mal.

2. El diseño tiene escasa función social  

Si seguimos refiriéndonos al diseño como una práctica real y actual, pero por “función social” nos restringimos a su acepción humanista, tendremos que reconocer que esta función sólo se cumple marginalmente. El diseño sólo puede cumplir una función humanitaria allí donde existan actores socio-económicos (“clientes”) que asumen un compromiso social real, no perverso.

Estos actores escasean. O carecen de fondos (que es lo mismo). La economía y el mercado neo-liberal —contexto real y predominante de la práctica del diseño— poseen un carácter abiertamente antisocial y, por lo tanto, obstaculizan aquella función.

3. El diseño podría tener función social  

Si nos mantenemos dentro de aquella acepción humanista de “función social”; pero, a contrapelo de la realidad, nos animamos a proponer que el diseño asuma esa función de un modo sistemático, no anecdótico, tendremos que ingresar en el terreno de la propuesta alternativa. Deberemos, por lo tanto, asumir que el diseño sólo puede cumplir esa función de un modo marginal. Consecuentemente, deberemos asumir el compromiso intelectual y ético de denunciar las razones por las cuales dicha función es actualmente marginal y señalar las condiciones que tendrían que darse para que se cumpla plenamente.

No cabe duda que, para que los diseñadores en su conjunto puedan trabajar seria y continuadamente al servicio de las necesidades de la sociedad y no del mero mercado, es indispensable que prosperen los proyectos política y económicamente transformadores, o sea, los populares. El diseñador preocupado por su función social debe, en tanto sujeto político, apoyar sin reservas todos los movimientos que defiendan las causas sociales y no esperar, cándidamente, del sistema imperante una función ajena a la naturaleza y objetivos de este.

Notes