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Artículo

Título

La intuición en diseño

Subtítulo

Respuesta a un joven diseñador acerca del papel de lo inconsciente en los procesos de diseño

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Recientemente recibí una consulta de un diseñador que se preguntaba “cómo actúa la intuición (pensamiento inconsciente), al momento de pautarse y desarrollar un proyecto de diseño”. Las preguntas inteligentes provocan la inteligencia de las respuestas; y la importancia del tema justifica que socialicemos mi respuesta, que fue la siguiente:

 

 

1.     Ante todo, decirte que tu intriga por el funcionamiento de la intuición en el proceso de diseño indica una percepción muy fina de ese proceso; pues precisamente allí está el quid de la cuestión de la creatividad.

2.     En principio, hay que superar la idea rudimentaria de que el diseño es un proceso exclusivamente racional: en la secuencia de tomas de decisiones implícitas en el trabajo de diseñar, sólo algunas de ellas están basadas en argumentos racionales.

3.     Por si esto fuera poco, las decisiones de diseño tampoco son totalmente conscientes. Algunas las tomamos sin darnos cuenta de que las estamos tomando: son tan inconscientes como los reflejos o los actos fallidos.

4.     El carácter no-racional o no-consciente de unas decisiones no implica que éstas sean incorrectas y que deban evitarse; pues pueden ser muy válidas, o sea, eficaces. Y aquí viene el enigma: ¿cómo se garantiza que las decisiones intuitivas sean acertadas?

5.     Los procesos analíticos (racionales y conscientes) nos ayudan a desbrozar el camino, a entender la necesidad y las condiciones de eficacia de aquello a diseñar, o sea, el “programa” en sentido amplio. Y, así, orientan la búsqueda hacia el campo donde están las soluciones válidas, que podemos hallar de un modo consciente y racional.

6.     Pero no siempre esas “soluciones válidas”, aun siendo adecuadas al programa concreto, resultan suficientemente satisfactorias: algo nos dice que “a este diseño le está faltando algo”. Es en ese momento y en esa sospecha en que comienza a actuar la intuición: “todo está muy bien, pero…” El inconsciente detecta impurezas que la consciencia y su instrumento, la razón, no ven. Y dispara entonces una suerte de brain storming inconsciente (a oscuras) en busca de superar la insatisfacción y hallar la solución perfecta.

7.     El inconsciente es una suerte de “disco duro” en el que está almacenada toda la información captada a través de todo tipo de experiencia. Y, al hacerle la pregunta, como quien le pregunta a Google “¿qué es lo que está mal y cómo sería lo correcto?”, éste desata un proceso febril pero silencioso, de selección y combinación de elementos tomados de su “base de datos”… hasta que la “máquina” hace clic: se ha producido el “insight”. Lo último intuido supera todo lo intuido antes… y “brilla”.

8.     Cabe preguntarse, entonces, qué es lo que garantiza que ese clic se produzca y no sea erróneo. La respuesta está en dos recursos del diseñador:

Primero, en aquel “disco duro”: la riqueza en cantidad y diversidad de los datos que contiene; datos que no provienen del diseño sino de todas las fuentes de la experiencia de vida: colores, olores, formas, texturas, brillos, materiales, máquinas, órganos, sonidos, músicas, palabras, novelas, películas, sabores, instrumentos, útiles…

El segundo recurso está, ya no en aquel yacimiento, sino en las capacidades para explorarlo: la sensibilidad y la inteligencia para detectar, entre toda aquella información, los elementos adecuados y sus combinaciones eficaces, aquellas más congruentes con lo buscado, o sea, con el programa.

9.     Conclusión: la sensibilidad y la inteligencia no se pueden adquirir: se las tiene o no se las tiene. Aunque se pueden entrenar, como todo “órgano”. El “disco duro”, en cambio, puede enriquecerse indefinidamente gracias a la intensidad y diversidad de las experiencias vitales del diseñador en tanto persona. Y ese “disco duro” tiene una capacidad de almacenamiento ilimitada: “muriendo y aprendiendo”, decía mi abuela. Para lograrlo es indispensable, en principio, desechar todas las prácticas estériles que ocupan lugar y generan vacío; básicamente el entretenimiento banal y el consumo deculturador. Y todo ese tiempo salvado ocuparlo en las experiencias fuertes, que son las formativas: el arte, la ciencia, el pensamiento crítico, la vida de relación intensa y honesta, el análisis sistemático de la realidad, la observación atenta de los fenómenos naturales y humanos, la poesía, la literatura, los placeres cultos como el buen vino. O sea, construirse a uno mismo como un ser culto.

Decía Man Ray que él no estaba en contra de la asociación libre como mecanismo creativo; pero que había que “tener algo interesante que asociar”. Esta reserva es doblemente válida cuando viene, precisamente, de un surrealista y, por tanto, un reivindicador de los procesos inconscientes como la “escritura automática”.

 

Para reforzar mis argumentos, te transcribo una definición de Douglas Hofstadter acerca de la creatividad:

 

La creatividad es la habilidad para encontrar soluciones insospechadas a problemas aparentemente insolubles. Carece de toques mágicos o misteriosos: creatividad no es más que inteligencia (…) que, en medio de una gran cantidad de información desconectada y caótica, puede descubrir semejanzas que otros no descubren, ver opciones que otros no ven, establecer conexiones que otros no establecen y, consecuentemente, puede producir síntesis nuevas y sorprendentes.

 

Y te recomiendo que leas una de las “Seis propuestas para el próximo milenio” de Italo Calvino: la cuarta, que lleva por título “Visibilidad”. Allí Calvino analiza los procesos de la imaginación. Después de que la hayas leído, léete todas las demás.

 

¡Mucha suerte!

Notes